Cachopo en El Salón, Andés

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¡¡CAMBIÓ DE DUEÑOS!! Ver comentarios abajo del todo


Ale, nos vamos hasta Navia que hay familia y amigos. Uno en especial nos invitó a ir a probar el Cachopo de El Salón, en Andés, que cambiaron de dueño recientemente y hacen unos grandes cachopos, a la par que buenos. Aprovechando que volvimos al pueblo a ver a la familia, comimos en el Salón.
Yo ya comí varias veces ahí, pero con los dueños antiguos. Supuse que la comida sería más o menos igual.

¿Qué comer…? Bueno, éramos 3 a comer y uno de nosotros era un gran deportista con fama de buen apetito. Así que pedimos 2 cachopos y unos entrantes: Patatas bravas y croquetas. Gran error… pero no adelantemos acontecimientos.

En primero lugar nos traen las patatas bravas. Madre mía qué fuentada de patatas nos trajeron. Las patatas era como a mi me gustan: Cuadradas, grandes, crujientes por fuera y muy tiernas por dentro. Pero la cantidad me pareció exagerado. La salsa era casera. Me recordaba mucho al sabor del pixto que prepara mi madre, pero con un toque picante. No picaba en exceso pero sí se notaba un gusto alegre en todos los bocados. Muy ricas. Tanto que las que sobraron, que sobraron, las pedí para llevar. Las cenamos y seguían igual de ricas.
Al poco llegó las croquetas que, UF… qué fuentada de croquetas. ¿Normalmente, cuántas croquetas se ponen por ración? ¿10? ¿15? ¡aquí hay más de 20! eso sí muy ricas. Redondas y, lo peor de todo, grandes. No solo eran muchas, sino que eran enormes. Qué esfuerzo para comer… Pero de esto no sobró nada.
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Cachopo en el Grand Mistral

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El Grand Mistral es un crucero en el que nos embarcamos para ir a celebrar la luna de miel. Un gran barco en donde lo pasamos muy bien. Espectáculos, piscina, buen tiempo, humoristas, restaurantes, etc. todo pensado para pasar unas buenas vacaciones. Por decir algo malo: El camarote era enano, pero bueno, para lo que estuvimos ahí… pero teníamos camas supletorias para guajes que, aunque estaban plegadas, ocupaban mucho espacio e impedían entrar y salir de la cama. Única pega, junto al aire acondicionado que no se podía apagar, pero claro… sin ventanas… Por poner pegas, que todo fue genial!
Por las noches estábamos obligados a ir a cenar al restaurante. Digo obligados porque en el resto de las comidas (desayuno, cafe de mediodía, comida, merienda y comida de medianoche… vamos, que estás todo el día comiendo) podías ir a comer a donde quisieras (hay varios sitios a donde ir). Tampoco te obligan a ir a cenar, pero si tienes fame, ye lo que hay.
Ahí tienes una carta. Suelen ser platos muy variados con un entrante, primer plato y segundo plato. Las camareras muy atentas y la comida muy bien preparada. Incluso puedes repetir. Hemos comido de todo: Cordero, solomillo, secreto ibérico… merluza, marisco… sopa de marisco, de pollo…
Pero el último día veo algo que me llama la atención en la carta: MILANESA DE IBÉRICO RELLENA DE DÚO DE JAMONES Y QUESO.
¡Coñe! milanesa es un filete empanado…, pensé, ¡esto es un cachopo en toda regla!
Y como no, lo pedí, lo disfruté y no repetí porque me llené con el primer plato repitiendo dos veces. A ver quién puede decir que ha comido cachopo a bordo de un crucero disfrutando de la alta mar y vislumbrando noruega por el ojo de buey. Todo un espectáculo.
Y aunque estaba bueno, no era el mejor cachopo que probé. Claro que no era un cachopo propiamente dicho. Eché de menos unas cuantas patatas y, por supuesto, más queso.
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Boda en la Llorea Golf

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Postre La Llorea Golf

Pues sí, esta vez tocó boda en la Llorea Golf. Pero esta vez fue mejor que nunca ya que esta era mi boda. Efectivamente, me vestí de pingüino, convencí a una chica y lo celebramos por todo lo alto. Ahora me dispongo a contar lo bien que fue en este el día de mi boda.
La ceremonia fue bien, en el ayuntamiento. Fotos fotos fotos y salimos. Más fotos con amigos, luego nos fuimos a dar una vuelta por parajes singulares de la topografía Gijonesa y fotos fotos fotos, a un parque y fotos fotos fotos. Ya cansados de fotos nos fuimos a la Llorea Golf.
Aquí no habíamos ido a comer nunca. Escogimos este sitio por los buenos comentarios de internet. Yo hubiera preferido otro más tradicional pero a ella le gustó. Desde siempre nos trataron muy bien. En febrero hicieron una especie de simulación de boda en donde los invitados a esta boda eran todos los que se iban a casar este año. Así conocíamos el lugar, el protocolo, algo de la comida, alguna orquesta, DJ, álbumes de fotos e incluso nos pusieron una mesa larga con muchos platos de comida para que veamos su apariencia ya que no es lo mismo leer platos en un papel que verlos con los propios ojos. Fue una boda auténtica: Comimos cóctel de bienvenida, nos sentamos en la mesa, comimos, bebimos, bailamos, etc. Estuvo genial! y lo agradecimos personalmente.
En otra ocasión fuimos a hacer la típica prueba de comida ya que había dudas entre varios platos de comida. Esto ya es más normal entre todos los restaurantes que celebran boda. Pero la boda simulada, no.

Llegamos en coche en este el día de mi boda y nos equivocamos, entramos por detrás en vez de por delante. No importó, e incluso casi mejor ya que nada más llegar me encontré a un camarero escanciando sidra. ¡Menudo recibimiento! No pudo ser mejor. ¡Qué fresquita y qué rica estaba! Y al llegar, en un pequeño jardín detrás del restaurante, pues fotos fotos fotos, pincho, fotos fotos, pincho, fotos y más fotos. Los camareros muy atentos. Conocedores de que apenas probábamos bocado, siempre tenían el detalle de pasar cerca nuestro y darnos un pincho. El de la sidra, cada poco pasaba y nos daba un culín. Muy bueno todos y todo.
Los pinchos eran muy variados. Muchos no los probamos. Hay que recordar que nosotros, los novios para entonces casados, llegamos tarde y muchos pinchos ya fueron repartidos. Puedes ver un listado del Cóctel de Bienvenida pinchando en la foto de la carta.
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La pumarada, el Llano

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HAN CAMBIADO DE DUEÑOS. REVIEW NO VÁLIDA
Sí, lo reconozco. He tenido que mirar en un plano de Gijón si esta sidrería pertenece a Pumarín, al Llano o a cuál. Sé que es parte del Barrio de la Sidra pero el plano no lo marcaba.
Fuimos aquí porque habíamos oído hablar que se comía bien. Me apetecían unas patatas con salsas, y viendo que en frente, en el Antonio II, no estaban buenas (espero que lo mejoren) pues nos fuimos a la pumarada. El sitio es un jaleo. Jaleo dentro, jaleo fuera, gaitas y tambores sonando… pero tienen un comedor que se está muy bien. El chigre y la terraza está bien para tomar sidra con los amigos, pero no para cenar tranquilamente.
Como la primera vez quedamos a gusto, volvimos de nuevo con otros amigos. Solo voy a hacer una entrada en el blog mezclando lo que comimos en ambas ocasiones y eliminando lo repetido.

Pedimos los calamares frescos y aunque lo traiga en la carta, no los tienen. Tienen los normales, que están ricos, y acompañados de patatas, aún más ricos. Una buena fuente de calamares, con su limón y algo de lechuga. Algo blandos, pero calamares a fin de cuentas.
Croquetas buenas, también. No hay queja de momento.
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La Curuxa, Avilés

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“Vámonos a comer cachopo”, me dijeron. Y poco más… ya ciego por la frase, me subí en su coche y me llevó a un restaurante en el que probó un cachopo muy rico y dulce hacía tiempo. Resulta que está en Avilés y tuvimos que desplazarnos hasta ahí. El sitio en cuestión se llama La Curuxa, situado en una de las famosas plazas de Avilés que estaba repleta de gente tomando sidra e incluso cenando, ya que la noche se presentaba cálida y agradable. No resultaba incómodo estar ahí fuera, pero de todas formas decidimos cenar dentro. El lugar era muy acogedor. Nos llevó a un comedor en la planta de arriba que estaba decorado con adornos tradicionales asturianos. Disponía de un balcón que daba a toda la plaza y desde ahí pudimos ver a todo el mundo comer, beber y pasarlo bien. La atención por parte de los camareros era muy buena, aunque no había nadie más en la sala y se podía pensar que teníamos a todos para nosotros, hay que recordar que la terraza estaba a rebosar. Camareros amables y simpáticos, por lo menos el que nos atendió.

De primero, croquetas. Una fuente de croquetas, algo grasientas por el aceite, pero que se notaban que eran caseras. Estaban buenas y tenía un rebozado que daba la impresión que llevaba algún tipo de especia que no supe identificar. Si tuviera el rebozado crujiente y estuviera mejor escurrido, serían una croquetas de lujo. De todas formas estaban buenas y dimos buena cuenta de ellas. Resulta simpático que traigan las croquetas con una distribución uniforme en el plato. Estoy más acostumbrado que las mismas estén con una entropía elevada sobre un espacio finito, es decir, todas revueltas como caigan de la sartén metidas en un plato o comprimidas en una pequeña fuente.

Ya cuando vino la carta, mi compañero me dijo que el famoso cachopo que él probó y estaba dulce era un cachopo de seta con salsa de manzana asada. Yo le dije que posiblemente eso era un cachopo hecho de seta y no un cachopo relleno de setas, es decir, que tiene una capa que es la seta, otra capa con el jamón y el queso y se cierra con otra capa que es otra de seta. No le gustó la idea y pidió el cachopo de carne. No debía de estar malo del todo pues la otra vez se lo comió y hasta le gustó. Eso lo vi ya en varios sitios y está tierno y rico.
De todas formas, el otro cachopo era de solomillo de cerdo, así que me decanté por él. Primero pregunté si eran filetes cortados longitudinalmente o transversalmente. La diferencia es que si los filetes se cortan transversalmente se hacen muchos minicachopitos, pero si se cortan longitudinalmente se hace un cachopo largo (o varios, dependiendo de la cantidad de filetes que hagas). El camarero me dijo que se coge un solomillo, se le corta las puntas y se corta longitudinalmente.
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Cachopo en Casa Zapico, Contrueces

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A este sitio fuimos por recomendación de una amiga de una amiga. Si es que el boca a boca es la mejor publicidad. Fuimos un poco a la aventura, pero bueno, siempre hay que ir así o si no no se conocen buenos lugares. Aunque si se va recomendado, mucho mejor. Está situado en el barrio de contrueces, Gijón. No tiene sitio para aparcar, pero si se da un par de vueltas seguro que se encuentra alguno. Nosotros aparcamos sin problema a un par de manzanas, dimos un pequeño paseo y tan contentos. No hace falta aparcar justo en la puerta de los sitios.

Preguntamos por el tamaño del cachopo y como era mediano-grande, decidimos pedir algo de entrante, compartir y luego comer entre todos el cachopo. Pedimos unas patatas 4 salsas. Nos sorprendió porque lo normal son 3 salsas, aunque… ¿qué es lo normal? cada restaurante pone la cantidad y las salsas que le da la gana. En este caso, las salsas eran Ali oli, cabrales, bravas y… mostaza. No convencía la mostaza. A mi porque me gusta, pero alguno que vino con nosotros no puso buena cara. Aún así lo probó y cambió de idea. La salsa de mostaza estaba suave y rica. Dimos buena cuenta de ella.
Sinceramente, a mí me gustaron. Buenas patatas, gorditas y crujientes; buenas salsas, la brava era brava; y no excesivamente fuertes, sabían a lo que hay que saber pero sin matar el resto de sabores. El olioli sabía a como tenía que saber. Muy rico…
Al poco nos llegó los calamares. Frescos, por supuesto. Son algo más caros pero compensan bien por su sabor y textura. Gorditos y muy sabrosos… Como llegó poco después que las patatas, pudimos aprovechar y mojar los calamares en alguna salsa que aún quedaba. Resulta una buena combinación: Patatas 4 salsas y los calamares. Realmente es algo que me gusta. El alioli encaja muy bien con los calamares y cada vez me gusta más mezclarlo con salsa brava.
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